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Rocha,
Viernes 4 de Julio de 2007
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El fin anunciado se aproxima
Se facilita la reelección de Uribe
El rescate, que no liberación de Ingrid Bentancour, promete el
fin de las FARC, la reelección de Álvaro Uribe en la presidencia
de Colombia, el achicamiento de las pretensiones de Hugo Chávez
de ser el heredero de Fidel Castro como figura consular de aquella izquierda
latinoamericana, y el agotamiento del papel internacional de Cuba, que
se llamó “Faro de América” e intervino en la
política interna de 17 países en sus dos primeras décadas
de castrismo.
Es mucho decir pero se puede tomar el riesgo de hacerlo, un riesgo que
en periodismo no se suele tomar. Todo esto está sujeto al devenir
de la política, por supuesto, y a demasiadas variables para que
esta profecía se cumpla en todos sus términos, con las importantes
consecuencias que implica para todo el continente. Una profecía
es algo más mágico que una predicción.
No es por cierto una expresión de deseos del autor sino sólo
el atrevimiento de adelantarse a los hechos con hipótesis. Hubo
en el continente un tiempo para la guerrilla, más allá de
la valoración ética, política y social de sus razones.
A las FARC se les había pasado la fecha de vencimiento. Tres generaciones
en pie de guerra, haber caído en el negocio de la droga, el reclutamiento
forzoso, las bombas de fragmentación, el enrolamiento de adolescentes,
el negocio de los rehenes y un largo etcétera fueron barbaridades
necesarias para la supervivencia del viejo grupo comunista y el mantenimiento
del equilibrio militar de fuerzas con el débil Estado colombiano.
La salida de escena de los viejos dirigentes son razones ineluctables
para el cambio, que no dependen de la política sino de los años.
Ellos no tienen reemplazo, no construyeron sucesión por debilidad,
precaución o la razón que sea. El pronóstico razonable
de esa situación era malo para las FARC.
Se quiso hacer algo para evitarlo, para encontrar una salida que salvara
las apariencias, y se les negó. Se puede uno imaginar el impulso
cubano a Chávez para que le buscara una salida a las FARC, y ahora
se podrá leer distinto el reciente ballet de conflictos entre él
y Uribe, que no quería ni quiere derrotados sino vencidos y extinguidos,
porque el poder no es proclive a la benevolencia. Después de todo,
eran un remanente del siglo XX
Por Andrés Alsina
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