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Proyecto “Las Garzas” Estas tres cosas debemos hacer para entender el dictamen judicial respecto del proyecto acordado caballeresca y desprolijamente entre el Intendente Municipal de Rocha y el empresario Costantini, con la participación de la Directora de Medio Ambiente, la Señora Alicia Torres y el Ingeniero Brañas. Estas “Ordenes de Caballeros” establecían pactos – Pactos de caballeros – muy desprolijos por cierto - para satisfacer intereses personales. En general los “Caballeros” que proponían los pactos eran los “Señores feudales”, dueños de la tierra y por ello entregaban esta, o parte de esta, a otros individuos, a cambio de favores de su interés. Nada tenían que ver estos desprolijos pactos caballerescos con las normas vigentes en la época, en general los “Caballeros” habían creado las normas, o ayudado a crearlas pero poco lo interesaban. Los “Caballeros” basaban todo su prestigio y poder, que por cierto era mucho, en que eran los dueños de la tierra y por tanto podían disponer de ella sin necesidad de ampararse en norma de ningún tipo y más aún, no debían explicarle a nadie porqué lo hacían. - ¡Creían que no debían explicar nada! Algo más de 400 años atrás la magistral pluma de Cervantes nos regaló la fabulosa historia de “Don Quijote de la Mancha”, quién de tanto leer historias de caballeros se creyó uno de ellos. Su locura lo llevó a imaginar cosas fabulosas, que en la realidad no existían, solo eran producto de su loco afán.
Sancho, su fiel escudero, en pleno uso de razón es quién nos revela la realidad que Don Quijote se niega ver. En el capítulo XXI – Episodio del yelmo de Mambrino – se da el siguiente diálogo entre Don Quijote y Sancho: __Si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes. – Dijo Don Quijote a Sancho. —Mire vuestra merced bien lo que dice, y mejor lo que hace —dijo Sancho—; que no querría que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar y aporrear el sentido. — ¿Cómo me puedo engañar en lo que digo, traidor desconfiado? — dijo don Quijote—. Dime, ¿no ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo pardo manchado, que trae puesto en la cabeza una armadura de oro? —Lo que yo veo y alcanzo con la mirada —respondió Sancho— no es sino un hombre sobre un asno, pardo como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra. —Pues ése es el yelmo de oro — dijo don Quijote—. Apártate a una parte y déjame con él a solas; verás cuán sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta aventura, y queda por mío el yelmo que tanto he deseado. —Yo me tengo en cuidado el apartarme —replicó Sancho—; mas quiera Dios —tornó a decir— que orégano sea, y no batanes. IMPRESIONANTE…………Y VERGONZOSO
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