28.06.08
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no tan sólo es el butiáESPECTÁCULOS
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carreras de caballosDel. Prof. Rosalío A. Pereira "Decir
las cosas bien"
Rocha,
Jueves 8 de mayo de 2008
Yanina Magrini
Una poética desnuda e intensa
Augusto Munaro
Yanina Magrini (Córdoba, 1972), no es de aquellas personas que
“son poetas porque escriben poemas”, sino de las que “escriben
poemas porque son poetas”, que no es lo mismo. Nacida en Rio Cuarto,
desde muy joven ha elaborado un lenguaje poético de singular fuerza
expresiva, que responde a una mirada algo indiscriminada y resuelta sobre
los misterios del alma. Una poesía que no renuncia a la hondura.
“Cada nueva presencia es algo brutal; un aviso de lo que vamos a
perder”. Magrini ha integrado varias antologías poéticas,
ganando numerosos premios nacionales e internacionales. Lleva publicados
una serie de poemarios: Miralo bien (2002), Cromosoma en jean (2004),
Avuso (2005) y Ternura menos menos vuelo (2007). Con el correr de los
años, la poeta fue progresando y acentuando en cada libro, el tono
profundo de su poesía; estableciendo así, su propia mitología.
Un mundo que merece ser destacado.
El inimitable lenguaje de Magrini, se erige contra la sofisticación
o la extravagancia. Ella alberga un tono, un hálito expresivo entre
la realidad y lo inefable, que está a su vez, impregnado casi siempre
por una intensa necesidad de sondear la apasionante y contradictoria alma
humana. “Cavar una fosa para quedar al borde./ Pájaro que
ahueca alas/ que hace de su jaula un espejo// al fondo// palabra que lleva
abismo/ salto/ vuelo// al fondo. Fondo.// A fondo.”. Algunos factores
operantes de su poesía están íntimamente relacionados
con las experiencias universales como: la muerte, Dios, la soledad y el
amor. Es lícito destacar que para ello, sin embargo, no abusa de
las abstracciones metafísicas. Su poética es la expresión
de la existencia vivida intensamente: “Quebrar el poema. No transgredirlo.//
Lo roto/ es cotidiano.// De a pedazos; dios/ arma/ esperanza.// La sombra
le abrirá/ su sola sombra// la sombra, digo;// será su luz.”.
Versos escuetos, expresiones mínimas, la obra de Magrini posee
carácter universal. Es decir, puede leerse en épocas y contextos
disímiles dado que llega a la esencialidad desnudando la poesía,
al despojarla de ornamento y demás vanas distracciones formales.
Una voz bella, intuitiva, profundamente sincera.
En esta entrevista, la poeta cordobesa, arroja luz sobre su intenso modo
de poetizar, esa “nueva manera de nombrar la realidad”, trasluciendo
conceptos como en sus versos; al borde de lo racional y lo intuitivo.
Con el alma. -¿Cómo fue su formación, sus primeras lecturas?,
-Los primeros poemas que leí, fueron los de Gustavo Adolfo Bécquer,
tenía doce años; en el colegio representamos una obra con
ellos. Disfrutaba su lirismo y toda su carga sentimental, pero en el fondo,
sentía su extremo desborde con la rima, y en cierta forma terminó
irritándome. Un par de años después, descubro a Juan
Gelman; un lujo y un placer para mi búsqueda inconsciente. Una
poesía comprometida y despojada, que me movilizó a pleno.
-¿Cuándo supo que la poesía sería
su vocación?
-Mi primer poema, se llamó “Yolanda”, Nace apenas muere
mi abuela. Yo tenía 15 años y fue una canalización
de tristeza absoluta. Descubrí otra voz dentro mío, una
nueva manera de nombrar la realidad. Una intimidad plena que no me hacía
ver tan vulnerable. -Su poética está revestida por un desgarrado misterio
y sensualismo. ¿Cómo la definiría usted?
-Presentaría mi poética como algo fuera de foco, desequilibrado.
Estar siempre en tensión sería la idea, y por lo mismo,
el delirio. Hablar de armonía o sensatez, implicaría un
estancamiento ajeno; el no ser uno mismo; ser un imbécil o un marmota
(como suelo transcribir en ciertos versos), alguien que quiere jugar al
superhombre y se esconde tras la máscara de la cordura. La consigna
de mi escritura, es abusar de una mirada áspera y conmovedora.
Abrir un espacio para dejar dentro de él, la intuición,
la memoria, la parodia de vivir al extremo y de permitirse todo. -Según su criterio: ¿qué es un poema y qué
representa para usted la poesía?
-Es un vínculo, un medio de expresión y de descarga para
el poeta y es también una identificación íntima para
algún lector con delirios parecidos. Hay espacios favoritos que
puedo vivir junto a ellos; la culpa, la mentira, la ironía, el
error y el mismísimo silencio.
Hago poesía básicamente en la medida que puedo canalizar
mis obsesiones y mis desajustes. No escribo por el sólo hecho de
hacerlo, sino, para manifestar un inmenso egoísmo. -¿Por qué egoísmo?
-Porque no pienso en el lector. Escribo para mí y en la medida
que algún psiquiatra estimule mi paranoia (ríe). Simplemente
nombro lo que manifiesta mi manera descarnada de mover las cosas que me
rodean. Muestro mi realidad íntima; espacios nuevos que se van
generando dentro mío. No pretendo conformar al lector ávido
de buena poesía. Al contrario, casi que me gusta jugar con la ambigüedad
de un desequilibrio constante y la caricatura del dolor mismo. -¿Cuánta relevancia le otorga usted a la corrección
de sus composiciones?,
-Depende; es muy raro que un primer poema nazca impecable y lejos de una
corrección. Por lo general, quedan ideas que no cierran o palabras
que no se encuentran en ningún diccionario. Una imagen que quiere
decir algo, pero a su vez oculta la voz, la palabra exacta que la nombre.
Que cada verso le llegue al lector con la misma intensidad o vibración
que el poeta lo siente; es el desafío y la esencia más cautivante
de este oficio. -¿Considera a la poesía un oficio?
-Oficio como una ocupación habitual; algo que se instala de manera
permanente, obligatoria y necesaria. -¿Cuál es el papel que representa el ritmo en sus
versos?
-No juego con el ritmo. Si entra en el lenguaje lo hace de manera encubierta
y escapando de mí. Prefiero no darle un papel oficial dentro del
poema. El protagónico siempre lo tiene la intuición, el
mensaje; el vuelo soberano y descortés de cada verso. -¿Cuándo considera que un poema está concluido?
-Indiscutiblemente nunca. Siempre surge algún espacio nuevo de
un mismo poema. Esa abertura casi permanente nace de una obsesión
primordial, de un mismo miedo, de un simple objeto cotidiano, de una búsqueda
pegajosa y reiterativa del poeta, de un dolor no enterrado; a veces, algo
indeterminado o sordo. Siempre va a quedar algo dentro del poema que no
se puede extirpar; una molestia constante. En cada etapa y situación
de la vida toma un color y una dimensión diferente. Algo así
como un re-descubrimiento desde la propia intimidad. -¿Sus poetas y lecturas dilectos?
-Por lo general, me gusta leer a aquellos poetas a los cuales nadie o
casi nadie conoce. Es como si tendría un cierto desenfreno por
descubrir palabras y maneras diferentes de expresión. Sobre todo,
nuevas. Hay voces extrañas y a su vez fascinantes, pero que casi
nunca llegan a la luz de la mayoría. Entre mis maestros elijo a
Juan Gelman, Alejandro Schmidt, Hugo Mujica, Paulina Vinderman, Jorge
Boccanera. Por ellos, y con ellos aprendí, quise, respeté
y admiré toda forma de poesía. -¿Lee narrativa?, ¿encuentra en ella un estímulo
para la composición de sus poemas?
-En realidad, más que narrativa estoy leyendo ensayos y crónicas
últimamente. El estímulo para mis poemas, se encuentra en
la vida cotidiana o en los signos urbanos. El día a día,
el acuerdo con mis hijos, reuniones en los bares, viajes anecdóticos,
ruidos en la noche, estimulación emocional de mi psiquiatra o las
peleas constantes de mis vecinos. De eso, la composición de cada
verso nuevo. Eso, sí, no he aprendido a vivir sin la lectura. Si
nombro a alguien en narrativa; será Juan José Saer como
maestro, y como revelación futura, a Pablo Dema, muy especialmente. -¿Cómo es el panorama actual de la poesía
en Córdoba?, ¿se siente parte de algún movimiento
poético de su provincia?
-Si tengo que considerarme de algún movimiento dentro de la poesía,
ese sería dentro del proyecto Cartografías, (una especie
de mapa de la literatura de Río Cuarto que intenta marcar un territorio
de la creación literaria de poetas y escritores menores de 45 años).
Ese lugar imaginario, que se va creando con mucha pasión y trabajo,
es el que contiene mi poesía que va dialogando con la de mis amigos
poetas. Lo cierto que empezamos a conectarnos y crecer en ese espacio
mediante charlas, encuentros, talleres, lecturas. Hay poetas excelentes
en Córdoba, yo recomiendo leer a Diego Formía, José
Di Marco, Pedro Centeno, María Elena Berrutti, Maria Cecilia Romero
Messein. -¿Qué opinión le merece la poesía
latinoamericana contemporánea?
-Creo que la poesía viene en una contra corriente, una contra-resignación.
Otra realidad que vive en ella es la memoria de un futuro posible, es
una resistencia a aquello dado como lo único. Casi que la poesía
está en la trinchera, pero no de una forma panfletaria o social.
Hay muchos mensajes directos e indirectos en lo que podemos ahondar, sin
que el lector los asimile en una primera lectura. Por lo general el poder
la deja circular, porque casi nunca la entiende del todo. La poesía
tiene la capacidad de humanizar y deshumanizar en sólo cuatro versos.
También se puede palpar la necesidad contradictoria de ser escuchados.
La gente escribe para manifestar su gran vacío. El caso es serio
y es también una característica propia de los Argentinos.
Escribimos, decimos lo que nos pasa, lo que sentimos, y todo lo que quisiéramos
divulgar, pero no queremos escuchar, no queremos enterarnos lo que pasa
con el otro, es como si cada uno de nosotros fuese una isla pequeña.
-¿Se encuentra trabajando en otro libro?
-Trabajo sobre un nuevo proyecto de poesía un tanto más
narrativa, pero igualmente breve. Hay dos o tres personajes que lo mueven
todo en una historia vertiginosa y con cierta carga de demencia. Mucho
placer irónico y erotismo puro. Todo lo lleva al borde de una incomodidad
casi obligada hacia el lector. No sé que habrá en mí
a la hora del encuentro con la palabra, pero dentro de cada poema, la
parodia, no ha dejado de conmoverme.