16.08.08
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No anular, pero sí derogar09.08.08
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Ministra, de la revista al Parlamento02.08.08
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y Mercosur en la hora de la alta política
26.07.08
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EN LA RUTA ATLÁNTICA19.07.08
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preso, Trócoli en libertad12.07.08
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(3): Consejo de Defensa en panorama dispersivo05.07.08
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la “inteligencia” inteligente28.06.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta Unasur
(2): la estrategia del poder regional21.06.08
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nuevo, la Plaza de Mayo14.06.08
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(1): primera aproximación07.06.08
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cambio sociopolítico en EE.UU.24.05.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta Consejo
Sudamericano de Defensa. Intento precipitado17.05.08
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chapuza nacional10.05.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta El
balotaje, un sistema obstruccionista y mayoritario03.05.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta Debatir
la tributación, sin malas artes26.04.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta La
Justicia sólo precisa de paz y olvido19.04.08
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de Palo - Aureliano Rodríguez Larreta El
Derecho, sin majestad ni imperio20.05.06
| Por José Ignacio López Arriba,
en los Altos de Lircay Resulta curioso, por decir lo menos, lo poco conocida que es esta
Reserva, cuando en ella se esconde una Cordillera imponente que guarda historias
hasta de extraterrestres. 19.11.05
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capicúa insoslayable05.11.05
| 53 AÑOS DE PROMULGACION DE CIUDAD Castillos
no tan sólo es el butiáESPECTÁCULOS
Y DIVERSIONES DE ANTAÑO Las
carreras de caballosDel. Prof. Rosalío A. Pereira "Decir
las cosas bien"
Rocha,
Martes 13 de mayo de 2008
Si es en democracia, mejor
Cléver
Hugo Rojas
Si cualquiera de nosotros, en los ratos que nos deja la televisión
basura, el alicaído fútbol o las escaramuzas del mundillo
político, lograra pensar en este mundo del siglo XXI, tal vez con
cierta resignación, repetiría en silencio el viejo aforismo
según el cual “todo tiempo pasado fue mejor”.
Cada uno puede hacer su propia interpretación de los proverbios
terrenales, todos con un fondo de verdad y a veces contradictorios entre
sí.
Yo diría que ir, es más motivante que llegar; y que recién
al regreso nos damos cuenta de cuan lejos llegamos. O, también,
podemos sentir que no fuimos a ninguna parte.
Ojalá, quienes están al frente de la conducción
del país, sean oficialistas o no, logren entender la perplejidad
de quienes, una vez más, son invadidos por el escepticismo, agredidos
por la politiquería de vuelo corto y el extrañamiento de
quienes no están, ni pueden, ni deben estar, en ningún círculo
de supuesto poder.
Por si no está claro, me estoy refiriendo a la base del actual
partido de gobierno, pero también a los miles de compatriotas que,
a lo largo de su vida depositaron su esperanza en uno u otro de los partidos
fundacionales. Y se quedaron con la esperanza, una y otra vez.
Entre ellos están también los integrantes del gran partido
de los indecisos, quienes dejaron hace tiempo las viejas fidelidades,
para apostar cada cinco años por aquello que en términos
turfísticos sería el mejor apronte o, por lo menos, por
alguien de quien no se hayan desengañado todavía.
No parece lo mejor para ningún sistema democrático. Es
algo parecido a elegir por descarte en lugar de optar por la excelencia.
Estos estados de ánimo son el mejor caldo de cultivo para los totalitarismos.
Lo demuestra la historia. Pero ésta también nos informa
de innumerables déspotas que llegaron al poder con el beneplácito
de algunos y la indiferencia de los más.
Es muy admisible la idea de que cada uno visualice primero su problemática
particular y trate de solucionarla, sin tener presente que las soluciones
particulares siempre son transitorias y de corto plazo.
También hay que decir que tal encare, netamente individualista,
es funcional al capitalismo en su versión ortodoxa, sin matices.
Una suerte de darwinismo socio-económico en el cual una irrealidad
llamada mercado, rige la vida misma de las personas.
Pero, además, en países como el nuestro, productores de
alimentos y materias primas, las necesidades básicas fueron generalmente
atendidas. La brecha de consumo entre ricos y pobres fue menos visible
durante muchos años.
Así, otro aforismo muy usado era que “donde comen dos, comen
tres”. Y era cierto.
Tiempo pasado. Con el consumismo inducido, asegurar el acceso a los
alimentos básicos se convierte en peripecia cotidiana para gran
parte de la población.
En la era tecnológica, con producciones masivas de alimentos, podría
decirse que donde comen dos... reparten lo que hay.
Mientras tanto, hay una especulación financiera global que se
multiplica exponencialmente y condena al hambre ya, ahora mismo, por lo
menos a una cuarta parte de la población del planeta.
Lo reconoce el propio Banco Mundial: Acaba de aprobar una partida de dos
mil millones de dólares para ir en auxilio de los seres humanos
que, por las leyes no escritas de una libre competencia de mentira, no
pueden comprar trigo ni arroz, ni maíz, ni soja y menos aún,
carne de ningún color.
Por supuesto que tampoco combustibles para cocinar sus alimentos. El petróleo
se cotizaba hoy, cuando esto escribo, a ciento veintitrés dólares
el barril. Y los analistas estiman que su valor alcanzará en no
más de dieciocho meses, los doscientos dólares.
Ante esto, los dineros del Banco mundial, como siempre, resultarán
chauchas y palitos para los verdaderos necesitados. Tal vez no alcancen
para llenar la barriga de los pobres entre los pobres de la tierra, pero,
como siempre, muchos ganarán bastante con el negocio de la caridad
internacional.
En el medio, pero no tan lejos, estamos nosotros, los orgullosos Orientales
del Uruguay. Un país con tradición y cultura cívica.
Una población que una y otra vez se ha dado la mano para oponerse
a la extranjerización de los bienes de la Sociedad. Una población
que en un proceso de medio siglo logró sumar voluntades suficientes
como para encarar un cambio verdadero, tanto en el modo de hacer política
como en el terreno productivo.
Ese fue el Frente Amplio que votaron más de un millón de
uruguayos, muchos de ellos, militantes de vieja data con diferencias entre
sí, pero unidos en su voluntad de cambio.
Este vocablo, “cambio”, en la conducción política
y económica de los países, no puede sustituirse por algo
que sólo despierte un entusiasmo relativo en la banca internacional,
cierta contenida euforia en los sectores vinculados a la agro-exportación;
y solamente se sientan tocados en sus intereses los pocos beneficiados
con pasividades o salarios de privilegio y la antigua clase media, que
de tal, conserva sólo los recuerdos.
Para revertir esa situación, para avanzar hacia una economía
más realista, capaz de acercar los extremos, todavía hay
posibilidades de diálogo y acuerdos, donde, necesariamente, los
distintos grupos de intereses, desde las cámaras empresariales
hasta los sindicatos, deberán dejar de lado algunos paradigmas.
La coyuntura actual exige respuestas audaces y dinámicas que, seguramente
modificarían el statu quo.
Ya pasó el momento de ser conservadores y democráticos.
En estos tiempos, eso es una antinomia.
Hay que soplar y resoplar muy fuerte para mover hasta las raíces
de los árboles. Eso espera la mayoría de todos los partidos.
Si es en democracia, mejor.
RECIBIMOS Y PUBLICAMOS
El Papa ha conseguido un cambio en la opinión
pública
En su reciente viaje a Estados Unidos Benedicto XVI uno de los logros
más significativos que ha conseguido ha sido el cambio en la percepción
de la figura del Papa en la opinión pública. La prensa se
ha hecho eco en reflejar la sorpresa de mucha gente ante ese Papa que
les ha encantado. Ha despertado admiración por parte de los millones
de personas que han seguido, de una u otra forma, cada uno de sus pasos
y gestos en suelo americano. El Papa ha sido testigo de la fe y de la
devoción de la comunidad católica que vive y da testimonio
público en Estados Unidos y se ha ganado con su cercanía,
humanidad e inteligencia a muchas personas que sin ser creyentes han quedado
deslumbradas por el esplendor de una visita que, sin duda, marcará
un hito en este Pontificado.
Venia precedido de una cierta fama de hombre duro, intransigente, defensor
de la Fe a ultranza, y en cambio se han encontrado con un hombre que habla
del amor, de la misericordia de Dios y de Jesucristo como fuente de felicidad
y esperanza para el ser humano, todo esto lo hace con un talante acogedor
para todos, comprensivo con los valores humanos allá donde se encuentren.
El cliché del "guardián de la ortodoxia" ha quedado
obsoleto ante un sacerdote que anima más que regaña, y que
asegura que "nuestro desafío más urgente es comunicar
la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios".
Esto no quiere decir que el Papa se haya convertido a la espiritualidad
del "todo el mundo es bueno" y "no hay que juzgar a nadie".
Ha seguido denunciando con rotundidad la "dictadura del relativismo".
Ha hecho una llamada vibrante a la coherencia entre fe y vida, y ha descalificado
la tendencia individualista de la religión a la carta.
Lo importante es que el pueblo americano ha descubierto que Benedicto
es un pastor que anuncia un mensaje de un modo esperanzador y estimulante.