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Toda vez que el presidente venezolano ha expuesto públicamente su proyecto lo ha fundamentado en la pretensión de alcanzar una mayor independencia respecto de la influencia de los Estados Unidos. Se trata de una argumentación política consecuente con el verdadero carácter de la propuesta, alineada en la supuesta acción antiimperialista que guía la gestión de Chávez. En esa misma línea, y adhiriéndose a la creación de esa entidad, se han expresado los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Jorge Correa, de Ecuador. La función de banca de fomento para la región es y ha sido cubierta por instituciones ya existentes. La más relevante es la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), además de la que cumplen la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata), entre otros. El BID fue fundado en 1959 y desde entonces ha otorgado préstamos a gobiernos e instituciones públicas de los países latinoamericanos por 145.000 millones de dólares. La Argentina ha recibido 24.500 millones, casi el 17 por ciento del monto total. Estos préstamos, usualmente en condiciones más beneficiosas que los de otras fuentes financieras, han contribuido a mejorar la educación, la salud, la vivienda y otras áreas sociales, así como el transporte, la energía y la infraestructura en general. El capital del BID está integrado por todos los países de América del Sur y América Central -los únicos receptores de préstamos- y también por Canadá, los Estados Unidos, 17 países europeos, Japón, Corea e Israel. Los Estados Unidos son titulares del 30 por ciento del capital y de los votos y la Argentina contribuye con el 10,8 por ciento del capital del organismo. Las decisiones se toman por mayoría y ningún país cuenta con poder de veto. Ninguna apreciación objetiva del proceder histórico del directorio ejecutivo del BID podría señalar un comportamiento imperialista conducido o inspirado por algún representante de los Estados Unidos. En general, su política se ha guiado por pautas aprobadas con el consenso de sus miembros. Durante la extensa presidencia del uruguayo Enrique Iglesias, el BID amplió y llevó adelante una larga gama de operaciones para financiar proyectos de infraestructura económica y social. En todo caso, los temores y las críticas podrían ubicarse en el plano de la eficiencia de este tipo de organismos, muchas veces condicionada por sus burocracias. El actual titular del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, lanzó este año una reforma estructural para hacerlo más ágil y eficiente. Pero si de esto se trata, lo menos indicado sería crear otro banco de fomento para la región, que duplicaría innecesariamente el gasto de administrar los recursos crediticios. Es clara la inconveniencia para la Argentina de plegarse a una iniciativa como la del Banco del Sur, en particular si ello significa un paso más hacia el aislamiento internacional. Con propuestas como ésta se estaría ensayando, sólo por inspiración ideológica, una sustitución de las instituciones del sistema interamericano. Esta tendencia al aislamiento se complementaría con una riesgosa dependencia hacia Venezuela, cuyo gobierno se ha convertido en la fuente de financiamiento más accesible para la administración de Kirchner. Es probable que por eso el gobierno argentino no se atreva a objetar iniciativas como la del Banco del Sur, del mismo modo que no contradijo otros proyectos salidos de la frondosa imaginación chavista, como el gasoducto que atravesaría la Amazonia para unir el Caribe con el Río de la Plata, o la creación de un ejército regional para reemplazar al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). La política internacional no puede fundarse en afinidades ideológicas
circunstanciales ni tampoco en la dádiva oportunista. El caso del
Banco del Sur es una oportunidad para mostrar una rectificación
y un esperado reencuentro con líneas de política internacional
de mayor cordura y provecho, como las que caracterizan a los gobiernos
de la región no adheridos a esta propuesta.
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