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EDUCACION: MANDAN LOS SINDICATOS Pablo Mieres El Presidente Mujica ha señalado, con resignación, que es muy poco lo que puede hacer para cambiar la educación y al mismo tiempo señaló que se debían recuperar los días de clase perdidos por los paros docentes durante este año. El asombro alcanzó su máxima expresión cuando escuchamos al Presidente del Consejo de Secundaria, Prof. Tinetto, que era muy complejo acordar para recuperar las clases y que habría que negociar con los gremios. Pero el asombro fue superlativo cuando escuchamos a la conducción de FENAPES le respondió inmediatamente al Presidente descartando esta alternativa y al dirigente comunista, Pedro Balbi, faltarle el respeto al Presidente al decir que “se debe dejar de pavadas y de palabreríos” Estas dos respuestas expresan la enorme crisis de autoridad existente en nuestro país. El Presidente dice que no puede cambiar las políticas educativas y le echa la culpa a las autonomías previstas en la Constitución; a su vez, el presidente del Consejo de Secundaria cree que las decisiones que tiene que tomar, las tiene que “negociar” con los sindicatos. ¡¡¡Gravísimo!!! Las autoridades de Secundaria tienen tan poco sentido de la autoridad que ni siquiera se les ocurrió pensar que si suspenden las vacaciones de primavera podrán recuperar al menos un par de días perdidos. Cuando quedan dos años y medio de gestión, desde el Presidente para abajo, todos los que tienen responsabilidades políticas por la educación en este gobierno, dicen que poco o nada pueden hacer. Han resignado su capacidad de decisión, otorgando todo el poder a los dirigentes sindicales que, para colmo de males, lo único que han propuesto es negarse a cualquier tipo de cambio que modifique el estado de cosas actual, lo único que reclaman es mejorar las retribuciones salariales. Estos sucesos confirman el acierto de habernos desligado del acuerdo educativo en la medida que este se había incumplido por parte del gobierno y de las autoridades educativas. Durante el proceso de diálogo previo a la firma de los acuerdos, siempre nos había llamado la atención que el gobierno dialogaba y acordaba con los partidos y luego se reunía con los gremios y a la salida de estas reuniones los dirigentes gremiales cuestionaban los contenidos de los acuerdos multipartidarios. Algo no cerraba en todo el proceso de diálogo educativo. Pues bien, hoy parece bastante claro que el gobierno intentó acordar con los partidos y con los sindicatos en forma simultánea. Es como buscar “atar dos moscas por el rabo”; es imposible acordar con quienes tienen opiniones e ideas radicalmente opuestas sobre lo que hay que hacer con la educación. Uno no puede ir a Colonia y a Rocha al mismo tiempo; era imprescindible elegir el camino a seguir. El gobierno quiso hacer las dos cosas a la vez y terminó resignándose ante el supuesto poder de bloqueo de los sindicatos. Lo más grave es que, de acuerdo a lo que el mismo Presidente dice, comparte los acuerdos alcanzados con los partidos, pero luego por la vía de los hechos acepta quedar preso de la presión sindical. Prefiere claudicar ante la presión sindical que hacer valer aquellos acuerdos que entiende necesarios para mejorar la educación. Pero si, además, la conducción de la política educativa no cuenta con liderazgos fuertes y definidos que tengan claro el rumbo y que estén dispuestos a asumir las consecuencias de avanzar en una determinada dirección, entonces la frustración de los cambios es el resultado inevitable. El gobierno no ha querido hacer lo único que es ineludible hacer si se quiere cambiar la educación de este país; enfrentar y remover los obstáculos que los dirigentes sindicales han presentado desde hace décadas. El gobierno ha preferido y prefiere “negociar” con los dirigentes sindicales que avanzar en la dirección que cree mejor y cumplir con los acuerdos alcanzados con los partidos. El resultado de esta opción es la resignación de la que habla el Presidente y es la renuncia al ejercicio de la autoridad. Las conducciones sindicales se han ido convirtiendo en los “dueños” de la educación uruguaya por omisión de quienes tienen la obligación de gobernar. Quedan dos años y medio de gestión de este gobierno y la convicción que todos tenemos, porque además el propio Presidente así lo expresa, es que nada va a cambiar en la realidad de nuestra grave crisis educativa. Es horrible pensar que las sucesivas generaciones de jóvenes y adolescentes uruguayos pasarán por las aulas de este país sin lograr los aprendizajes y los logros que son requeridos en el mundo de hoy. Nosotros no nos resignamos y seguiremos reclamando al gobierno que cumpla con su tarea, para la que fue elegido por el voto ciudadano.
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