CUANDO LLEGÓ EL EDIFICIO PROPIO
El veinticinco de noviembre de mil novecientos setenta y siete
se procedió a la inauguración del edificio propio del
Liceo de Velázquez. En aquella oportunidad, habló el doctor
Edison Morales del Güersio, quien, en parte de su oratoria, brindó
la siguiente información histórica:
“(El Liceo) se inicia el veinticuatro de marzo de mil novecientos
cincuenta y ocho, cuando abre sus puertas como Liceo Popular, con doce
alumnos.
En octubre de mil novecientos cincuenta y nueve pasa para la categoría
de Habilitado, adscripto al de Lascano, y es oficializado el dos de
marzo de mil novecientos sesenta y dos, funcionando siempre en un local
cedido por el señor Arnaldo Ache (...).
Allá por mil novecientos setenta era evidente que el local donde
funcionaba el Liceo no reunía las mínimas comodidades
para ello, y la comunidad pensó que esta situación no
podía continuar.
En el año mil novecientos setenta y uno, la Comisión de
Padres de Alumnos y Amigos del Liceo abre el fuego, dando a Enseñanza
Secundaria un terreno de cinco mil metros, con vetustas edificaciones,
pero aún utilizables.
Con ese hecho concreto, y luego de golpear un día sí y
otro también en las puertas de las autoridades, obtenemos un
proyecto del Departamento de Arquitectura de Secundaria para el nuevo
edificio, más un aporte de las mismas autoridades y la firma
de dos convenios sucesivos con el Ministerio de transporte y Obras Públicas,
lo que sumado al aporte de la comunidad en dinero, mano de obras y materiales
permite iniciar en mil novecientos setenta y tres cuatro salones y gabinetes
higiénicos, que se habilitaron precariamente en mil novecientos
setenta y cinco, permitiendo desalojar el obsoleto edificio que se utilizaba,
el que mediante una adecuada reconstrucción nos permitió
alojar el Hogar Estudiantil.
En enero de mil novecientos setenta y seis se obtiene otro aporte de
Secundaria, que nos permite continuar las obras con otro salón;
en enero de mil novecientos setenta y siete, se concreta un nuevo aporte
del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y en agosto el
del Banco República.
A ellos se sumó la colaboración del gobierno departamental,
en materiales, mano de obra y fletes.
Ese apoyo masivo de las autoridades, que era el reconocimiento a tantos
años de trabajo huérfano de él, encontró
a su vez el efectivo apoyo de hacendados y peones, de patrones y empleados
de la zona, y aún de comerciantes de Rocha y Lascano, lo que
permitió a la Comisión la erección de tres aulas
más, biblioteca, gabinete de Química y Física,
sala de profesores, dirección, secretaría y exteriores
del edificio.
Hemos levantado cuatrocientos metros cuadrados de edificación,
divididos en catorce ambientes, con un aporte estatal en dinero de sesenta
mil nuevos pesos; el resto fue aportado por villa Velázquez y
su zona de influencia y el actual gobierno departamental, que brindó
un apoyo incondicional a esta obra, consciente de la trascendencia de
lo realizado por la comunidad”.
(Víctor VELÁZQUEZ)
Tirando el guante
LICEO DE VELÁZQUEZ “MAESTRO LEONIDAS
LARROSA TERRA”
En materia de Educación Secundaria -en líneas generales-,
puede decirse que el departamento de Rocha ostenta una buena nomenclatura.
Creo que está fuera de discusión la pertinencia y justicia
de los nombres de “Cora Vigliola de Renaud” y “Rosalío
A. Pereyra” que se ha dado a los Liceos números 1 y 2 de
Rocha, “José Aldunate” al de Castillos y “Eladio
Aristimuño” al Liceo número 1 de Chuy. Como también
que se hará justicia el día que el Liceo de La Paloma
lleve el nombre del maestro Ángel María Luna, su director-fundador.
Apenas si en esto hay una sombra, que para la inmensa mayoría
de los lascanenses es como una marca ardiendo. El Liceo de Lascano no
debiera llevar el nombre de “Adolfo Rodríguez Mallarini”
-como ocurre- sino el de la maestra Herlinda Lovisetto de Eizmendi,
su alma máter, directora-fundadora, mujer meritísima y
docente ejemplar. Ojo que en este juicio no hay ninguna expresión
desdorosa hacia la memoria del ilustre maestro y profesor Rodríguez
Mallarini. Es otra cosa. Es lo que cada uno hizo por el Liceo, en su
hora, y continuó haciendo, andando el tiempo. Si Dios lo quiere,
no he de morirme sin ver enmendado este soberano desaguisado dictatorial,
pergeñado entre gallos y medianoches, que pasó por encima
de la opinión de un pueblo.
Llegados al tema del Liceo de Velázquez y su inminente cincuentenario,
estoy convencido de que el nombre que debe recibir esa institución,
para honor y orgullo de los habitantes de la villa histórica,
no es otro que el del estimado maestro Leonidas Larrosa Terra. ¿Qué
está vivo? ¡Enhorabuena lo está, y quiera Dios nos
acompañe por mucho tiempo más, brindándonos la
bendición de su sabiduría y su don de gentes! ¿Por
qué razón es necesario esperar a que una persona se muera
para reconocerle sus méritos, máxime cuando ellos son
harto evidentes? ¿No es mucho más gratificante, para quien
recibe y para quienes ofrecen un homenaje, hacerlo en vida de la persona
en cuestión? Yo defiendo a ultranza esta postura, a mi nivel
la practico (hay ejemplos de los que muchos tienen noticia) y conozco
ejemplos, aquí, bien cerquita. El doctor Alberto Podestá
Carnelli recibió el homenaje de los vecinos de José Pedro
Varela, que dieron su nombre a la calle principal de la ciudad y al
Hospital local, en vida. El también médico doctor Roberto
Introini recibió en vida, en Lascano, un gran homenaje popular,
perpetuado en la designación con su nombre, ese mismo día,
de una de las avenidas de acceso a la ciudad.
Reitero: ¿es que -medio siglo después de tan magna obra-
por ventura alguien duda de que el nombre que debe llevar el cincuentenario
Liceo de Velázquez es el del maestro Leonidas Larrosa Terra?
Estoy seguro de que no. Si los alumnos fundadores, los alumnos de todos
los tiempos y la gente toda de Velázquez recogen el guante que
aquí se tira a la consideración pública, sepan
que pueden contar con el apoyo incondicional de este periodista y -me
consta- de este medio de comunicación. Será justicia.
(Víctor VELÁZQUEZ)