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Rocha, Lunes 26 de noviembre de 2007

El regreso de la pintora y poeta Emilia Bertolé

Augusto Munaro

 

La Editorial Municipal de Rosario se ha encargado de recuperar y promover –a través de un loable proyecto de investigación-, a la poeta y pintora santafesina: Emilia Bertolé (1896-1949). El libro Emilia Bertolé, obra poética y pictórica, reúne en una finísima edición los poemas de Espejo en sombra (1927), “Poemas de los álbumes” y “Poemas del cuaderno de tapa de cuerina” (inéditos en su mayoría), además de una galería de reproducciones de sus mejores cuadros. La edición, que incluye numerosas fotografías, se complementa con estudios críticos –y esclarecedores- de Raúl D’Amelio, Nora Avaro y Rafael Sendra. Un acontecimiento que vale destacar.
Bertolé, además de realizar innumerables autorretratos y retratos de prestigiosas personalidades de la época –Hipólito Hirigoyen y Alfredo Bufano entre otros- alcanzó relativa fama como poeta, editando hace 80 años un poemario intitulado Espejo en sombra, que le permitió la posibilidad de ser finalista del Premio Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires. Con él, no sólo desarrolló una poética personal –donde impera un fino lirismo- sino, además implementó una sensibilidad de sesgo impresionista. Los colores y aromas moldean sus temas más frecuentes como la noche, la lluvia y la soledad. Con una estética etérea, “entre la realidad y la fuga al ensueño”, como asegura Rafael Sendra, Bertolé logró un puñado de emotivos versos: “casas con enredaderas bermejas/ que en las viejas paredes/ se enroscan y la cubren en verano/ de florecillas leves.”(“En el tranvía”), o bien: “hundo las manos en mis trenzas húmedas/ y aspiro todo Oriente en mis cabellos”(“Perfume”).
Su poesía discreta y minimalista, denota una luminosa fragilidad pictórica. Al igual que Silvina Ocampo, quien también fue una admirable pintora y poeta, Bertolé combina color y emoción para retratar su mundo personal: “Da sueño de mirar al bosquecillo./ Sueño celeste/ lleno de reminiscencias/ para el cansado corazón que tiene/ deseos de quedarse/ como un gorrión bajo la lluvia leve.” (“Lluvia”).
Este libro permite reformular el mapa literario tradicional argentino. La escritora e investigadora Nora Avaro, autora de la biografía que acompaña la suntuosa edición, ofrece su pertinente testimonio sobre ésta injustamente olvidada retratista y poeta argentina del siglo XX.
¿Cómo se presentó la posibilidad de concretar este libro?, ¿cuánto trabajo le demandó la realización de su estudio biográfico: “Vida de artista”?
La Editorial Municipal de Rosario me contrató para hacer una investigación biográfica sobre Emilia Bertolé, con la idea de publicar sus poemas y retratos en una colección de autores rosarinos que ellos editan — que, por otra parte, es excelente— y que ya incluía obras de los poetas Felipe Aldana, Irma Peyrano, Arturo Fruttero, Aldo Oliva. La tarea consistió, básicamente, en relevar el Archivo Bertolé que se encuentra en el Museo Municipal de El Trébol, localidad dónde Emilia nació, y una gran cantidad de cartas que se conservan en el Museo de la Ciudad de Rosario. Con estos materiales, el testimonio autobiográfico de su sobrina Cora Bertolé de Cané, datos de algunos otros informantes, y la consulta de memorias y crónicas de la época, pude afinar una cronología y armar una historia.
¿Cuál fue el criterio de selección con que se armó el material que conforma el libro?
El volumen reúne Espejo en sombra, su libro publicado en 1927, y una selección muy exhaustiva de poemas de su cuaderno personal y de los álbumes, confeccionados, uno por su hermano Miguel Ángel, y otro por su prima Teresa Semilla, ambos guardan recortes de diarios, fotos, entrevistas, algunos manuscritos, etc. En el libro hay también una galería de retratos, pertenecientes a diferentes museos del país y a colecciones privadas, y algunas de las tapas de las revistas El Hogar y Sintonía que Emilia ilustró a finales de la década del 30 y principios de la del 40. Se intentó, en esta galería, mostrar los retratos más representativos, fundamentalmente los dedicados a sus familiares, modelos con los que Emilia podía liberarse del “dichoso parecido”, como ella llamaba a la presión del retrato por encargo. No hay que olvidar que, por motivos estrictamente “profesionales”, la obra pictórica de Emilia es de naturaleza dispersa y, en su gran mayoría, de muy difícil ubicación.
¿Significó la poesía, para Bertolé, un complemento de su pintura?, ¿intentaba con sus versos complacer una necesidad que los cuadros no le procuraban?
No sé si un complemento, Emilia fue ante todo una pintora, una retratista. Si se leen sus cartas se advierte de inmediato que sus preocupaciones son exclusivamente pictóricas, aparece esa tensión constante, y por momentos desesperada, entre su necesidad de profesionalizarse retratando por encargo y sus ambiciones artísticas. Su actividad literaria es muy aledaña y supongo que se debe más a sus amistades con escritores de la época, como Horacio Quiroga, Alfredo Bufano o, decididamente, Alfonsina Storni, a quien admiraba, que a un intento concreto de convertirse en poeta.
¿Cuáles son los elementos característicos de su poesía?
Su poesía es muy epigonal y un poco retardataria. Cuando ya en la literatura argentina había sucedido el movimiento poético de la vanguardia histórica, el ultraísmo y el martinfierrismo, digamos Borges, Girondo, González Tuñon, con su batería de innovaciones antimodernistas y antirrománticas, Emilia escribe pegada a una retórica que le debe todo a una concepción muy tradicional de la belleza y de la expresión. Sin embargo, en ese ámbito se mueve con mucha sutileza y mucha exactitud, y sabe inventar un personaje femenino que, sin tener el espíritu belicoso de Storni, logra configurar su diferencia, y sobre todo su misantropía, en un mundo eminentemente masculino.
¿Cuál fue la filiación que tuvo Emilia Bertolé con la bohemia porteña de los años veinte?
Sus vínculos fueron ante todo amistosos, no perteneció a ninguna facción literaria o pictórica, sino al pequeño grupo Anaconda, comandado por Horacio Quiroga, y a La Peña del Tortoni de Quinquela Martín, lugares ambos más proclives a los encuentros culturales y sociales que a las discusiones estéticas que, en ese momento hacían centro en los grupos Florida y Boedo.
Con frecuencia se ha dicho que ella –al igual que la escritora Norah Lange- fue, entre otras cosas, “musa de poetas”. ¿A qué se debe esta apreciación?
Emilia era una mujer muy hermosa y muy huidiza. Conrado Nalé Roxlo recuerda en sus memorias que todo el mundo estaba enamorado de ella, y cuando dice “mundo” se refiere, claro está, al artístico. Llevaba, además, una vida social muy intensa y construyó en las revistas de la época, en reportajes y notas, una imagen de sí misma muy promocional, la de la “bella inalcanzable”; en ese sentido fue una especie de pionera. Es notable, también, su desenvoltura para posar en las fotos, la sabiduría con que realza sus indiscutibles virtudes físicas, el uso casi icónico de sus célebres manos.
A pesar de su prestigio y reconocimiento: ¿por qué cayó en el olvido la obra de Emilia Bertolé?, ¿cuáles cree usted que hayan sido las razones?
Por lo general los mecanismos de canonización funcionan sobre todo bajo el domino de la ruptura, de la vanguardia, de la novedad. Como ya dije, la obra de Bertolé, tanto la poesía como la pintura, es absolutamente epigonal e incluso anacrónica. Repite, aunque con mucha eficacia, estéticas ya muy bien procesadas; supongo que por esta razón queda afuera del canon.
Habiendo investigado la vida de esta singular artista, ¿Emilia Bertolé fue una mujer melancólica?, ¿puede usted referirse a su personalidad?
No sé si era melancólica, al menos, no impresiona de ese modo. Sospecho que era una mujer decidida. A los 20 años dejó la casa de sus padres en Rosario para instalarse en Buenos Aires a pintar retratos para la alta burguesía porteña. De allí en más cargó con la manutención de toda su familia —padres, hermana y, en muchas oportunidades, hasta de su hermano— y durante toda su vida. Se llamaba a sí misma “el hombre de la casa” y afrontaba sola todos los tembladerales económicos de los Bertolé. Al tiempo intentaba, con muchas dificultades debido al escaso tiempo y a las preocupaciones financieras, llevar adelante una obra. Esa tensión define su drama personal y artístico. Aunque a primera vista así lo parezca, no hay languidez melancólica en esta vida sino zozobras muy concretas.



A LOS PADRES (10)

PADRES y AMIGOS

Leer y orar: La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre. Corrige a tu hijo y te dará descanso y dará alegría a tu alma. Prob. 29:15,17.

Deberemos crear un ambiente familiar y de amor.
El futuro de nuestros hijos depende del ambiente familiar.
Si ellos no reciben amor mientras son niños, más adelante llegaran a ser personas frías, solitarias y rebeldes. Muchas personas no logran relacionarse con otras, porque cuando eran niños no tuvieron el amor de la familia. Si en casa hay constantes peleas y discusiones, los hijos crecerán retraídos, con sentimientos de inferioridad y con dificultades para relacionarse con otros. Para evitar esto, debemos cuidarlos bien. Debe haber alegría, tolerancia y amor en la familia, para que los hijos crezcan de manera adecuada.
Estimado lector: en las Escrituras (la Biblia ) encontramos la mente, la voluntad, y el deseo intrínseco de Dios, para el ser humano, los padres, los hijos, los matrimonios, la familia, el trabajador.....
Si nosotros consideráramos esto y aplicáramos esta voluntad divina en el seno de nuestra familia les aseguro que el clima seria muy diferente.
Muchas cosas serian diferentes. Padres, hijos, patronos, trabajadores, la sociedad en su conjunto experimentaríamos en los psíquico, emocional y de reracionamiento personal, una equilibrada convivencia. En el Libro de Colosenses leemos algunas de estas voluntades para nuestra consideración y aplicación. Allí se nos dice: “haced morir, pues, lo terrenal en vosotros; impurezas, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia..... dejad...todas estas cosas ira, enojo, malicia, palabras deshonestas.. Y que nos vistamos de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia , soportarnos unos a otros, perdonándonos unos a otros y que la paz de Dios gobierne nuestros corazones....Hijos obedeced a vuestros padres en todo.. Y padres no irritéis a vuestros hijos”. Colosenses.3: 5, 8, 20,21. Como vemos si aplicamos en el seno de nuestras familias, esta palabra, la voluntad y bendición de Dios estarán entre nosotros.
Debemos aprender a ser amigos de nuestros hijos, no permitiendo que lleguen a ser estaños a nosotros. Muchos padres prefieren "comprar" a sus hijos, que emplear un tiempo conversando con ellos. Les llenan sus armarios de juguetes, pero, no tienen ni siquiera un minuto para conversar con ellos. Recordemos que la amistad se cultiva, no se hereda. Aprendamos a tener intimidad con nuestros hijos, estando siempre dispuestos a ayudarlos de modo que cuando tuvieran problemas, ellos nos busquen para conversar y, cuando estén debilitados, busquen nuestra ayuda. Debemos crear un ambiente donde ellos vengan a nosotros, ya sea en éxito o en fracaso. Un amigo es alguien accesible tanto como para tenerlo junto, como para conversar. Seamos amigos de nuestros hijos. No debemos quedarnos en el trono para juzgarlos, sino que necesitamos ayudarlos en sus debilidades. Sentémonos con ellos y discutamos los problemas juntos, para que no busquen, así como buscan a sus amigos. Si logramos ser amigos de nuestros hijos seremos buenos padres.
Debemos cultivar la amistad con nuestros hijos cuando son pequeños. La intimidad que ellos tengan con nosotros dependerá de como los tratemos en los primeros veinte años de vida. Si hay alguna distancia, con el paso del tiempo, esta aumentará.
Muchos hijos no tienen ninguna admiración por los padres, ni amistad con ellos cuando tienen problemas van a los padres como si fuesen un juez. Esto no puede ocurrir en una familia cristiana.
Cuando nuestros hijos tuvieran problemas, debemos ser los primeros a quienes ellos acudan a descargar sus aflicciones.
Familias así tienen menos problemas y si hubiera problemas, estos pueden ser resueltos más fácilmente.

 

Horacio Cardoso
horaciolua@adinet.com.uy - Tel.: (047) 23742

 

 

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