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:: CUCHILLO DE PALO :: 05.04.08 |
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Un Mercosur irrelevante |
| Aureliano
Rodríguez Larreta |
Ha transcurrido la
mitad del tiempo de la actual presidencia pro témpore argentina
del Mercosur, y no se han conocido iniciativas de transcendencia que pudieran
imprimir un nuevo rumbo al bloque subregional. A las deficiencias propias
del proyecto de integración y a los problemas agregados por los
gobiernos —muy en particular por los países mayores—
se suman ahora los conflictos internos en la Argentina. Esta situación
condena a la crisis del Mercosur a un plano casi invisible en la atención
del país responsable de la coordinación semestral.
La última cumbre semestral, celebrada en Montevideo en diciembre
de 2007, no logró resolver ninguna de las cuestiones importantes
que desde hace varios años están sobre la mesa para paliar,
al menos, las deficiencias más importantes del sistema: un código
aduanero común, la eliminación del doble cobro del arancel
aduanero común y otras medidas dirigidas a contemplar la insatisfacción
de Paraguay y Uruguay con el funcionamiento del mercado, las restricciones
no arancelarias al libre comercio y la desigual distribución de
los beneficios de la liberación comercial.
El argentino Félix Peña, Director del Instituto de Comercio
Internacional de la Fundación Standard Bank, realizó en
diciembre de 2007 un pormenorizado juicio sobre la realidad del Mercosur
al concluir la cumbre de Montevideo y asumir el gobierno de Argentina
la presidencia. El resumen del informe expresa lo siguiente:
Tener un buen
diagnóstico sobre cuáles son los problemas de
fondo actuales del Mercosur, permitiría calibrar el tipo de
iniciativas que convendría tomar en función del interés
nacional argentino, de los requerimientos originados en las
estrategias de internacionalización de sus empresas –
especialmente las pymes - y de las posibilidades reales de
lograr el consenso de los otros socios.
Hay muchos
diagnósticos negativos sobre el Mercosur. Pero como
ningún país está obligado a seguir siendo miembro,
da la
impresión de que aun quienes formulan críticas duras no
tienen
opciones al Mercosur actual, sea por razones políticas,
económicas, o ambas.
Si tal como
está el Mercosur no es satisfactorio y no hubiera
un Plan B creíble y razonable, parece ser del interés
nacional
de la Argentina plantear en el período de su Presidencia del
Mercosur, iniciativas superadoras del actual cuadro de
situación y concertarlas con los socios.
Tres debilidades
podrían explicar la “sensación térmica”
sobre
el Mercosur. Una es de diseño, otra es institucional y la
tercera de funcionalidad con la nueva realidad global.
En los tres
planos conviene al país plantear iniciativas
concretas en el primer semestre del 2008.
Adaptarlo a
las nuevas realidades de un mundo de múltiples
opciones parecería ser una prioridad estratégica actual
del
Mercosur. (Félix Peña, Newsletter mensual, diciembre 2007)
Interesa destacar
las tres debilidades que acusa el Mercosur actual, según este experto
argentino: la primera de diseño, la segunda institucional y la
tercera de funcionalidad con la nueva realidad del mundo, al que define
como un mundo de múltiples opciones.
En cuanto al diseño del Mercosur como una unión aduanera
pero sin las condiciones para progresar hacia una unión económica,
el conocido economista brasileño Mailson da Nóbrega, ex
ministro de Hacienda y actualmente consultor privado, expresó:
“El Mercosur
se ha tornado irrelevante. Debemos reconocer que ayudó a Brasil
y la Argentina a incrementar su comercio bilateral. Pero el Mercosur,
debido a
decisiones tomadas principalmente por la Argentina en relación
con los
aranceles internos, se ha vuelto cada vez más complicado. Fue diseñado
como
una unión similar a la Unión Europea, lo que era un objetivo
muy optimista.
Pero el Mercosur ya no es viable como una unión económica.
Y yo diría que
con la entrada de Venezuela al Mercosur se va a tornar cada vez más
irrelevante”. (LA NACIÓN, Buenos Aires, 02.12.07.)
La falta de condiciones
del Mercosur para perfeccionar la unión aduanera y avanzar hacia
fases superiores de integración se encuentra precisamente en la
tercera debilidad señalada por Félix Peña, que es
la institucional. Los gobiernos de los países miembros han transcurrido
los 17 años de vida de este proceso sujetos a la inconmovible negativa
de Brasil a toda reforma institucional que pudiera crear instituciones
comunitarias y supranacionales —ya fueran ellas de naturaleza ejecutiva,
legislativa o judicial— a las que Brasilia hubiera de someter alguna
porción de sus competencias y su discrecionalidad en la toma de
decisiones. El sistema sigue siendo básicamente intergubernamental.
“Los problemas del Mercosur son creados en casa y de nada sirve
buscar culpables fuera de la región”, expresó con
realismo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en
la cumbre de Montevideo.
Muy poco es lo que el Mercosur ha conseguido en sus relaciones externas,
para contribuir a la liberalización del comercio con el resto del
mundo. En la cumbre de Montevideo fue firmado con Israel el primer acuerdo
de libre comercio que el bloque ha cerrado fuera de la región latinoamericana.
La negociación con la Unión Europea comenzó en 1995
y aún no ha podido salir de su estancamiento. Y con Estados Unidos
nunca se ha podido instalar un mesa negociadora. En ambos casos, la dificultad
mayor radica en el sector agrícola, tanto el europeo como el estadounidense,
y en la escasa capacidad de Brasil para abrir su mercado a la competencia
de productos industrializados y servicios de aquellos orígenes.
Esta escasa capacidad del Mercosur para adaptarse a lo que Félix
Peña llama “un mundo de múltiples opciones”
es una de las causas de la insatisfacción de Paraguay y Uruguay
con el sistema de integración. A falta de seguridad y fluidez en
el funcionamiento del mercado interior, estos países presionan
por una flexibilización que les permita negociar individualmente
su acceso a mercados externos.
De no conseguirlo a corto plazo, ambos podrían abandonar el bloque
y pasar a la condición de Estados asociados. En este sentido puede
hablarse también del surgimiento, dentro del Mercosur, de estrategias
de desarrollo divergentes que ponen en riesgo la unidad y permanencia
del proyecto común.
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