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:: CUCHILLO DE PALO :: 26.04.08 |
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La Justicia sólo precisa de paz y olvido |
| Aureliano
Rodríguez Larreta
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Con aquel sexto sentido que
tanto escasea, los políticos finalmente entendieron que debían
bajar las armas, por lo menos para realizar un acto institucional de alto
fuste, en bien de la República. El martes 22, en la Asamblea General,
dieron el primer paso para que el Derecho “recupere majestad e imperio”,
atributos que apenas una semana antes se perdían en la perplejidad
de las conciencias.
La Suprema Corte de Justicia ha quedado integrada con su quinto juez,
Jorge Larrieux, quien recogió el quórum que exige la Constitución
y el beneplácito de todos. No por imprescindible, esto deja de
ser un primer paso. Tampoco borra lo ocurrido en los últimos tiempos.
Ni por su edad ni por su presencia física, este Larrieux ha de
ser el mismo, pero por cierto transporta mi memoria muy atrás en
la vida, y aparece la figura de otro, niño, adolescente, joven
estudiante, compañero de aulas, diferente en los rasgos pero también
inteligente, correcto, respetado y apreciado, al igual que su familia.
Con 61 años, el nuevo ministro no podría ser hijo de aquél,
pero tal vez por una rama lateral reciba la misma savia. Agradable reencuentro,
que abre una ventana de esperanza hacia ese otro encuentro, en la conciencia
del Derecho, que tanto se echa en falta.
Con una elección y un voto perfectamente constitucional, la Asamblea
General sintetizó en un solo acto las dos alternativas que el texto
fundamental le pone por delante: el acuerdo político en primera
instancia y con libertad para elegir, o en su defecto, tres meses más
tarde, el de mayor antigüedad. Ha elegido libremente, y lo ha hecho
en la persona del más antiguo.
Tanto el Frente Amplio como el Partido Nacional han tenido que ceder algo
—y no poco— de sus posiciones anteriores. El oficialismo,
al aceptar un candidato que no era el suyo. Y la oposición, al
postergar otras exigencias y no anteponerlas a la integración de
la Suprema Corte. Así es como debería actuarse siempre,
para bien de las instituciones republicanas y para que éstas, con
su buen funcionamiento, lleven confianza y sosiego a la opinión
pública.
El ministro Larrieux no pudo evitar los micrófonos y las cámaras,
al finalizar la sesión del Parlamento. A las preguntas más
peligrosas respondió de forma inobjetable, respetando y protegiendo
su condición de juez, ahora enaltecida. No soltó prenda
sobre aquello que todos querían saber o adivinar: para qué
lado va a desempatar en esto de la constitucionalidad de la tributación
a las pasividades. Sin embargo, hubiera sido mejor que no respondiera
a nada ni hiciera ningún comentario, excusándose cortésmente.
Seguramente es esto lo que hará en adelante, recogido nuevamente
en la reserva de su despacho.
Lo mejor que ahora podría suceder, para bien del país, sería
que todos nos olvidáramos de la Suprema Corte de Justicia y la
dejáramos en paz. Bastante tiene con resolver el embrollo jurídico
que con intención política se le ha presentado; y por si
esto fuera poco, llevar a cabo la investigación administrativa
que permita desvelar la conspiración que parece estar detrás
de la filtración, a ciertos medios, de los votos y las opiniones
de los ministros, antes de haberse pronunciado la primera sentencia sobre
esas acciones de inconstitucionalidad.
Por las mismas razones aparece desubicada la manifestación pública
que los partidos de la oposición se proponen realizar el lunes
28, frente a la sede de la Suprema Corte, para defender “la independencia
del Poder Judicial”. En materia de presiones ejercidas sobre la
Justicia en esta cuestión, el que esté libre de pecado que
arroje la primera piedra.
Así como algunos representantes del gobierno y del Frente Amplio
han pronunciado conceptos inaceptables bajo el marco institucional e incluso
en el plano personal, no ha dejado de ser evidente la participación
activa, o el aprovechamiento pasivo, de los partidos opositores, en el
movimiento que en 2007 se organizó para presentar recursos masivos
de inconstitucionalidad por parte de algunos grupos de ciudadanos en situación
de pasividad.
Al mismo tiempo, tanto en la acción parlamentaria como en los medios
de comunicación, los actores políticos no han dejado de
presionar sobre la Suprema Corte de Justicia, al extremo de haberle dirigido
el senador Julio María Sanguinetti un pedido de informes sobre
el supuesto incumplimiento de plazos por parte de algunos ministros en
el estudio de los expedientes.
Una manifestación como la que se proyecta, encabezada por pre-candidatos
presidenciales que ya están en carrera para las elecciones generales
de 2009, no dejará de ser un acto de clara intencionalidad política,
muy alejada del ánimo sincero y auténtico que exige la adhesión
a los principios en que se fundamenta la República.
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