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:: CUCHILLO DE PALO :: |
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Ni un paso en falso |
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Aureliano
Rodríguez Larreta |
Argentina y Uruguay
velan sus armas para enfrentarse en las instancias políticas del
Mercosur y en los altos estrados de la Corte Internacional de Justicia
(CIJ).
Justo antes del feriado pascual, el gobierno uruguayo presentó
sus dos primeros escritos: uno al Ministerio de Relaciones Exteriores
argentino (a cargo de la presidencia semestral del Consejo del Mercado
Común - CMC), solicitando la reunión de este órgano;
y otro a la CIJ, en su augusta sede de La Haya, con el original procedimiento
de “comunicar” a los jueces, en forma preliminar, la ilegalidad
creada por el bloqueo argentino contra este país.
Hasta aquí llega, por el momento, el cuadro litigioso que tiene
a Uruguay como protagonista. Por un lado, denunciar la infracción
internacional en que incurre el Estado argentino al permitir el acto de
agresión que significa el bloqueo bajo el sistema universal de
las Naciones Unidas; y por el otro, denunciar la violación del
Tratado de Asunción (1991) que esas mismas acciones configuran
bajo el sistema subregional de integración.
IRRACIONALIDAD DEL CONFLICTO
Esta misma semana
se ha divulgado el segundo estudio independiente de impacto ambiental
que a pedido de Argentina realizaron dos expertos canadienses contratados
por la Corporación Financiera Internacional (agencia del Banco
Mundial), el cual a juzgar por sus primeros análisis resulta satisfactorio
para ambas partes, ya que califica muy bien el nivel tecnológico
y el bajo poder contaminante de las dos plantas de pasta de celulosa que
se están instalando en Uruguay, al tiempo que plantea nada menos
que 72 modificaciones técnicas para elevar aún más
su excelencia y su ajuste a estándares de vanguardia.
Este aspecto de la cuestión es el que hace al fondo del asunto
y el que debió haberse mantenido desde el principio dentro de los
márgenes que impone la “racionalidad”, como también
reivindican reiteradamente los expertos canadienses. Los enfoques más
serios y apegados a la sensatez, en ambos países —como en
todo momento el diario LA NACIÓN de Buenos Aires—, han denunciado
a cada paso la “irracionalidad” del conflicto binacional creado
alrededor de estas inversiones extranjeras en Uruguay.
A esta cuestión de fondo —y en base al supuesto incumplimiento
por parte del gobierno uruguayo, del Estatuto del Río Uruguay (1975)—,
se referirá la demanda que el gobierno argentino se propone presentar
ante la CIJ, contra Uruguay.
LAS TABLAS DE LA LEY
Así las cosas,
el Uruguay se encuentra ante esta doble perspectiva judicial, por primera
vez en la historia de sus relaciones internacionales y nada menos que
ante los jueces de La Haya. En primer lugar, la Cancillería deberá
formalizar de inmediato ante la CIJ la demanda contra el bloqueo argentino.
Y en segundo lugar, le urge preparar sus armas jurídicas para contestar
a una eventual demanda argentina sobre el fondo del litigio, que muy probablemente
incluirá un pedido de medidas precautorias para suspender la construcción
de las plantas.
Esto exigirá al país un enorme esfuerzo diplomático
y jurídico. Para enfocar la tarea habrá que recurrir a los
mejores recursos humanos y científicos, sin distinción de
ninguna naturaleza. Sin descartar, si fuera necesario, el aporte de servicios
internacionales especializados.
Sin perjuicio de ello, el momento requiere, además, algo mucho
más delicado e igualmente imprescindible: no incurrir en ningún
acto de represalia que pueda colocar al país en ilegalidad similar
a la argentina. Incluso ante las expresiones de prepotencia y grosería
que ya se han producido y que podrán volver a escucharse. Incluso
ante la amenaza de nuevos cortes y bloqueos —esta vez de origen
sindical—, por vías diferentes de los puentes, como ya se
anuncian. Incluso si los suministros de energía contratados con
Argentina son interrumpidos.
Sectores económicos como el del transporte terrestre, tendrán
que refrenar su confesado impulso de implantar un bloqueo total a la Argentina.
Y el gobierno deberá disuadirlos de esas acciones, dejando bien
claro que no las permitirá y que garantizará el libre ejercicio
de todos los derechos y libertades, en cumplimiento de la Constitución
y los tratados internacionales.
Solamente actuando de esa manera, Uruguay podrá esgrimir su razón
y sus derechos en el terreno internacional. Un solo paso en falso destruiría
toda su estrategia, por calificada que fuera su defensa jurídica.
Será responsabilidad del gobierno el tomar de inmediato las medidas
conducentes a formar esa conciencia en todos los niveles de la sociedad.
Otra necesidad urgente es restaurar la unidad del sistema político
en este conflicto, unidad que se deshilachó tras el “Munich”
en que cayó —por falta de experiencia internacional—
el presidente Tabaré Vázquez en Santiago de Chile, hace
poco más de un mes. Urge que los líderes políticos
del primer nivel vuelvan a exhibir un frente unido, junto al gobierno.
ESTRENO EN EL MERCOSUR
Un conflicto de esta
envergadura supondrá un estreno para el CMC, al que le incumbe
—como “órgano superior”, integrado por los ministros
de Relaciones Exteriores y de Economía— “la conducción
política del proceso de integración”, según
el artículo 3 del Protocolo de Ouro Preto (1994). Pero no existe
memoria de que en todos estos años se le haya sometido una cuestión
de esta naturaleza y gravedad, que le desafía a ejercer su atribución
de “velar por el cumplimiento del Tratado de Asunción”
(artículo 8).
Como presidente semestral del CMC, el ministro argentino de Relaciones
Exteriores, Jorge Taiana, no tiene facultades para denegar la convocatoria
solicitada por Uruguay. El artículo 7 del citado Protocolo establece
que sus reuniones “serán coordinadas por los Ministros de
Relaciones Exteriores”, de forma que la consulta previa entre todos
ellos es inevitable.
Pese a que las decisiones del CMC son obligatorias para todos los Estados
Parte, ellas deben ser adoptadas por consenso, lo que significa que la
negativa de cualquiera de sus miembros equivale a un veto que paraliza
la acción del Consejo.
En esta ocasión, Uruguay deberá presentar ante el CMC un
planteamiento fuertemente político, que obligue a los demás
Estados a involucrarse de forma solidaria en la cuestión. El objetivo
uruguayo no puede ser otro que el restablecimiento de la libre circulación,
con garantía del Estado argentino.
En cuanto a la cuestión de fondo, el Mercosur no cuenta con normas
comunes que el CMC pueda aplicar. En su defecto, podría llamar
a una mediación latinoamericana de muy alto nivel internacional,
como fue sugerido en este mismo espacio el 8 de abril último.
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16.02.08
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