<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Alerta legisladores (II): Entre mafias no hay cornadas
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Alerta legisladores (II): Entre mafias no hay cornadas
Aureliano Rodríguez Larreta

Cada día que pasa se pone más al rojo vivo la situación límite en la que se encuentra el fútbol profesional uruguayo, como era de esperar tras caerse esa cáscara debajo de la cual aparecieron los nombres y los rostros de esos tres “padrinos” que todos en Uruguay conocen: Casal, Damiani, Figueredo. Negocios, negocios, negocios. Intereses privados, pactos ilegítimos, compra de votos con fondos de origen desconocido, amenazas gangsteriles y mafiosas no desmentidas, y en el medio de todo eso los orientales de a pie que todavía aman el fútbol, verdaderos rehenes de tanta porquería.
Los periodistas más honestos desisten de explicar un embrollo tan difícil de entender en toda su extensión y profundidad. El Poder Ejecutivo eleva su nivel de alarma, aunque no se inclina todavía por una intervención con todas las de la ley pero insinúa que puede ordenar una investigación y una auditoría de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para conocer las irregularidades y anormalidades (por no decir otra cosa) que pueden haber ocurrido en esa asociación civil durante las últimas décadas.
En el ambiente de los clubes —que no están libres de culpa y complicidad—, tal vez se piense que todo se podrá arreglar con elegir un presidente renovador. Borrón y cuenta nueva y aquí no ha pasado nada. En estas mismas horas los clubes deberán realizar ese nombramiento. Lo mejor que pueden hacer en bien del país, es limitarse a elegir, para un interinato quirúrgico, a un hombre honrado que se encargue de abrir las puertas y ventanas de la calle Guayabo y facilite el ingreso de quien, con la ley en la mano, limpie, desinfecte, diseccione y extraiga todos los tumores y cuerpos extraños que allí se van a encontrar.
La ocasional cáscara (o máscara) que se cayó esta semana fue la sospechosa y tardía revelación de esa conversación gangsteril que habrían mantenido en Buenos Aires el “padrino” Paco Casal y Juan José Ramos, dirigente sindical bancario y más recientemente dirigente de Peñarol y neutral en la AUF. Actuó de revelador el vicepresidente de aquel club, José Pedro Damiani. Enseguida se reunió la comisión directiva de Peñarol y allí se produjo la renuncia del presidente, Juan Pedro Damiani, de su hijo José Pedro y de otros dos miembros, de la minoría del cuerpo.
Como un analista no deportivo pero muy avisado señaló en una radio, todo esto parece más bien una maniobra urdida por los Damiani para abandonar la dirección de Peñarol (“al que tanto aman y para no tenerlo de rehén”), tras haber perdido a manos de Casal, en la FIFA, un pleito por valor de cinco millones y medio de dólares. (Aquí está involucrado otro asunto, sustancial y de fondo, que es el régimen de “propiedad” de los jugadores profesionales en el sistema internacional, cuyo análisis debe ser separado de este vergonzoso episodio). El caso es que, como entre bueyes no hay cornadas, tampoco las hay entre estos “capi di mafia”, que en los últimos años se han enfrentado.
El siempre afinado Luciano Álvarez hizo una referencia —en una tertulia radial donde se debatía la actual explosión de corrupción en la AUF— a las décadas iniciales del fútbol uruguayo en el plano mundial. Recordó que fue en los años 20 y 30 cuando el fútbol de este país conquistó mayores éxitos (no podía olvidarse de 1950), pero además afirmó que fue también en esos años que hubo mayor corrupción en la Asociación y en las competencias nacionales. Nadie le pidió que demostrara esta última afirmación con hechos, y parece muy claro que no podría hacerlo si se pusiera a comparar algunos episodios aislados y muy conocidos de aquellos tiempos, con la tremenda y hasta ahora impenetrable red de negocios ilegítimos y antideportivos que en las últimas décadas han dominado a este juego, tan amado por la ingenua pero desencantada afición.
Bastará recorrer las galerías de trofeos de la AUF y de los clubes señeros del fútbol uruguayo, para encontrar allí los retratos y los nombres de dirigentes honorables, deportistas de alma y trayectoria, a los que la gente respetaba. Y en las fotos de los equipos que conquistaban aquellas copas se podrá apreciar a unos muchachos llenos de fé en sí mismos, con rostros sonrientes y confiados (sin ir más allá, la foto del equipo que acababa de entrar en el campo de Maracaná el 16 de julio de 1950), incomparables con los rostros contraídos, inseguros y temerosos con que se han presentado las escuadras uruguayas (de selección y de clubes) en las competencias internacionales de décadas recientes.
Al igual que en la película de Peter Weir “La Sociedad de los Poetas Muertos”, el profesor les hacía escuchar a sus alumnos las voces espectrales que salían de las vitrinas donde se guardaban las fotos de los jóvenes que se habían formado en aquella escuela preuniversitaria un siglo atrás, a los bien pagados jugadores uruguayos de hoy en día habría que enfrentarlos a los espectros de unos muchachos orientales que salían de sus casas llenos de fé y hambrientos de gloria.
Véase que en Alemania 2006 los cuatro semifinalistas fueron países que no exportan jugadores (salvo alguna excepción francesa), mientras que las selecciones llenas de estrellas internacionales quedaron por el camino.
Un bolsilludo rabioso como Wilson Ferreira Aldunate se complacía en recordar que, cuando el joven Wilson era dirigente del Club Nacional de Football y una vez fue encargado de negociar los sueldos con los jugadores, le preguntó al recordado Javier Ambroiss:
—Y vos, ¿cuánto querés ganar?
A lo que el “patesko” respondió:
—Y... yo quiero 150... (pesos viejos)... pero arreglo por cien...
El diputado Jorge Orrico (Asamblea Uruguay – FA) se ha ocupado más de una vez de estos temas en Cámara. Sin duda que otros, de todos los sectores políticos, podrán demostrar interés en tomar cartas en el asunto, para eliminar la corrupción en el fútbol uruguayo y reordenar su dirección.
Como quedó sugerido en el anterior Cuchillo de Palo, el sábado 22, no se trata de una intervención del Ejecutivo por el momento, sino de algo más de fondo, de una intervención legislativa para defender a la Selección Nacional como un asunto de interés nacional y colocar su dirección bajo control parlamentario.

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