<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Wilson adueñado, Wilson prohibido
:: CUCHILLO DE PALO ::
Wilson adueñado, Wilson prohibido
Aureliano Rodríguez Larreta

Nada hay más deplorable que las disputas entre deudos políticos de grandes personalidades. No cabe duda de que Wilson Ferreira Aldunate fue uno de los mayores líderes populares en el siglo XX uruguayo, y uno de los conductores máximos del Partido Nacional, pasión dominante en su actuación pública. Pero la vida lo lanzó por encima del marco partidista, identificándole con los valores más hondos e inclaudicables de la República. Visto así el personaje, cuesta aceptar la actitud sectaria de la dirección nacionalista ante otros intentos de recordarle.

Cuando falleció Ferreira Aldunate, el 15 de marzo de 1988, el Senado de la República celebró una sesión extraordinaria en la que fueron pronunciados numerosos discursos de reconocimiento a su actuación pública, a su liderazgo político, a su contribución al país como gobernante y como legislador, pero sobre todo a su sacrificada y enérgica lucha en tiempos de dictadura y de recuperación democrática.

Sin embargo, no fueron los senadores de su propio partido los que supieron captar y comprender de forma más acabada la personalidad del hombre al que estaban despidiendo. En opinión de quien esto escribe, fueron el senador colorado Cigliutti y el frenteamplista de raíces blancas, Francisco Rodríguez Camusso, quienes mejor interpretaron la trayectoria y la vida de Ferreira Aldunate, y las circunstancias azarosas, casi siempre negativas para sus más legítimas aspiraciones, que le acompañaron en las últimas décadas de su vida.

En momentos en que se perpetraba el golpe de Estado de 1973, desde su banca en el Senado —un Senado que se aprestaba a entrar, horas más tarde, en una noche oscura que duraría casi 12 años—, Wilson Ferreira concluyó su encendida alocución arrojando al rostro del presidente que se atrevía a derrocar las instituciones, no otra cosa que el nombre del Partido Nacional. Este nombre fueron las últimas dos palabras que pronunció aquel día, sin imaginar que serían a la postre las últimas que pronunciaría en su vida, en aquella “su” Cámara. “Me falta el Senado”, solía confesar en el exilio.

Esa tan socorrida página parlamentaria viene nuevamente a cuento porque ella revela, en una situación límite como pocas puedan imaginarse, hasta qué punto el Partido Nacional fue la mayor pasión en la vida pública de Wilson, por encima incluso de su estructura ideológica personal. De tal forma que nadie podrá discutir a ese partido el legítimo derecho de colocar a Ferreira Aldunate en la incomparable tríada de sus grandes caudillos del siglo XX, junto a Saravia y a Herrera. Y el legítimo derecho de rendir homenajes privilegiados a su figura.

Cosa muy distinta es que altos o bajos representantes de ese partido se crean por ello autorizados a impedir, ya sea por vías formales o por sugerencias al oído, que otros grupos políticos y ciudadanos de otras colectividades ofrezcan a la memoria de Wilson Ferreira los homenajes que su conciencia les inspira. Esta recordación anual de su desaparición física no habría levantado ninguna polvareda si el Partido Nacional no se hubiera interpuesto en el camino de quienes, desde filas frenteamplistas, pretendían sumarse al recuerdo del líder.

El ex ministro blanco de Educación y Cultura, Antonio Mercader, acusó por radio al Frente Amplio de querer “adueñarse” de la memoria de figuras como José Batlle y Ordóñez o Wilson Ferreira Aldunate, para la construcción de una especie de régimen de “partido único”. A los seguidores de un espacio radial que cultiva un ambiente de “tertulia” y que busca explicar antes que vencer al oponente circunstancial, no ha de resultarles aceptable este tipo de fidelidades partidarias institucionales, que en todo asunto intentan acarrear agua para su molino.

Para evitar que otros “se adueñen” de una figura cuyo recuerdo rompe los encuadres partidarios, lo peor que puede hacer su propio partido —su pasión— es prohibirla. No lo autoriza la grandeza del ademán histórico del personaje, de alcance nacional.


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